El Reina Sofía cambia de piel: cuatro exposiciones para leer la nueva dirección
Andrea Canepa, Aurèlia Muñoz, Dumile Feni y —sobre todo— Felix Gonzalez-Torres coinciden esta temporada en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Cuatro proyectos muy distintos que, juntos, dibujan con nitidez el rumbo de la casa: menos relato único, más voces del margen; menos jerarquía, más materia, cuerpo y memoria.
Hay temporadas que son una suma de exposiciones y temporadas que son una declaración de intenciones. La que el Museo Reina Sofía despliega este 2026 pertenece al segundo grupo. Cuatro nombres —Andrea Canepa, Aurèlia Muñoz, Dumile Feni y Felix Gonzalez-Torres— comparten calendario en Santa Isabel 52 y en el Palacio de Cristal, y basta recorrerlos en cadena para entender qué idea de museo defiende hoy la institución bajo la dirección de Manuel Segade: una que ha decidido descentrar el relato, dar la palabra a las periferias y confiar en materiales y afectos que el gran museo moderno solía dejar en el umbral.
No se trata de un golpe de efecto, sino de una tesis sostenida. Textil, diáspora, cuerpo, duelo, sistemas de poder: los cuatro proyectos hablan idiomas propios, pero riman entre sí. Y lo hacen sin renunciar al rigor —cada uno viene acompañado de un aparato curatorial solvente— ni a la belleza, que aquí nunca es decorativa sino argumento. Repasémoslos de menor a mayor intensidad, para llegar al que, a nuestro juicio, es el acontecimiento de la temporada.
Andrea Canepa: los sistemas hechos tela
En el Palacio de Cristal del Retiro, la peruana Andrea Canepa (Lima, 1980) presenta Fardo, un proyecto que se mueve en el cruce entre arte, sociología, historia y antropología. Canepa toma los sistemas que ordenan nuestra vida —clasificaciones, burocracias, patrones— y los vuelve materia visible, a menudo tejida. Que el Reina Sofía confíe la joya de cristal del Retiro a una artista latinoamericana de mediana carrera, y no a una figura consagrada, ya dice bastante sobre las prioridades de la casa. Con producción pictórica de Ramón Louro, la muestra permanece abierta —y con entrada gratuita— hasta enero de 2027.
Aurèlia Muñoz: la reparación de una pionera
Si algo distingue a esta dirección es su empeño en reescribir la historia del arte reciente por sus costados. Aurèlia Muñoz (Barcelona, 1926–2011) fue una pionera del arte textil contemporáneo, y Entes —organizada junto al MACBA, con comisariado de EINAIDEA (Fundació EINA) bajo la dirección científica de Manuel Cirauqui, y con Rosa Lleó y Sílvia Ventosa— traza al fin el recorrido integral que su obra merecía. Sus estructuras de macramé y fibra, suspendidas como criaturas vivas, reclaman para el textil el lugar de pleno derecho que la modernidad le negó. Es, además, un acto de justicia con una artista española largamente subestimada.
Dumile Feni: hacer rimar la historia
El programa La historia no se repite, pero rima pone el Guernica de Picasso a dialogar con otras obras que han sabido nombrar el horror. Su primer capítulo trae desde Sudáfrica el Guernica africano (1967) de Dumile Feni, un aguafuerte monumental y desgarrado sobre la violencia del apartheid. Comisariada por Tamar Garb, la sala 205.08 del Sabatini demuestra que el mito antibelicista de Picasso no es patrimonio exclusivo de Europa: tiene ecos, herederos y respuestas en el Sur global. Un gesto curatorial inteligente que convierte la obra estrella de la colección en punto de partida, no en destino.
Felix Gonzalez-Torres: la dulce venganza de la ternura
Y llegamos a lo que, sin exagerar, es el acontecimiento de la temporada. Dulce venganza es la primera gran presentación en Madrid de Felix Gonzalez-Torres (1957–1996), el artista estadounidense de origen cubano que cambió para siempre lo que una obra de arte puede ser. Comisariada por Alejandro Cesarco y Nancy Spector —dos de las mayores autoridades sobre su trabajo— en el Edificio Sabatini, la muestra reúne pilas de papel, montones de caramelos, cortinas, vallas y guirnaldas de luces: obras que se reponen indefinidamente a medida que el público se lleva un trozo, y que dejan en manos de cada instalación su forma final.
El título no es un adorno. En 1971, con catorce años, Gonzalez-Torres fue enviado desde Cuba a España dentro de un programa de acogida de menores; Madrid quedó asociada a esa herida temprana del exilio. No regresó hasta 1991, y lo hizo con una escultura de caramelos de un azul cristalino: «Untitled» (Revenge). «He vuelto a Madrid después de casi veinte años: dulce venganza», escribió. La exposición hace de esa frase un método: leer toda su obra desde la diferencia, la contradicción y la paradoja.
Aquí está la solidez de la propuesta y su riqueza. Porque lo de Gonzalez-Torres es una de las lecciones más luminosas del arte contemporáneo: demostrar que la política puede tener la forma de una golosina, que el duelo puede pesarse en kilos de caramelos, que el amor por un hombre —su pareja, muerta de sida en 1991— puede convertirse en dos relojes idénticos o en dos bombillas encendidas a la vez. Artista queer en los años más brutales de la epidemia, en el Estados Unidos de la reacción conservadora, construyó un lenguaje deliberadamente inestable, participativo y personalísimo, capaz de alojar a la vez la belleza y la urgencia, la elegía y la celebración.
«Dulce venganza» en el Museo Reina Sofía. Vídeo de la exposición (se abre en YouTube).
La genialidad de Gonzalez-Torres —y por eso su obra no envejece— es que convirtió la fragilidad en estructura. Sus piezas no se poseen del todo: se comparten, se agotan, se rehacen; delegan en el otro su continuidad. En tiempos de arte espectáculo, su susurro sigue siendo más radical que cualquier grito. Que el Reina Sofía lo traiga a Madrid con esta ambición, y que lo haga precisamente en la ciudad de su herida infantil, es un acierto rotundo: la mejor prueba de que la nueva dirección sabe unir el rigor histórico con la emoción viva.
Cuatro puertas, una misma casa
Vistas en conjunto, las cuatro exposiciones cuentan una sola historia: la de un museo que ensancha su canon. Del tejido andino de Canepa al macramé de Muñoz, del grito sudafricano de Feni a los caramelos de Gonzalez-Torres, la temporada reivindica lo que durante décadas quedó fuera del gran relato moderno —lo textil, lo diaspórico, lo queer, lo del Sur— y lo hace con argumentos, no con eslóganes. Se puede discutir el equilibrio o el ritmo del programa; lo que no se puede negar es su coherencia ni su valentía.
Temas de ARTE lo celebra sin reservas. Porque un museo nacional que se atreve a mirar por sus costados, a reparar injusticias históricas y a confiar en la inteligencia emocional del público no está diluyendo su misión: la está cumpliendo. Y porque, mientras haya una guirnalda de luces que alguien deba volver a encender cada mañana, el arte seguirá siendo eso que Gonzalez-Torres entendió mejor que nadie: un gesto de amor que se completa en los demás.
Andrea Canepa · Aurèlia Muñoz · Dumile Feni · Felix Gonzalez-Torres — Museo Reina Sofía, Madrid · Temporada 2026. Perfiles individuales de cada artista en la sección Protagonista.