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De Leonora Carrington a Glenda León: cómo las mujeres han empoderado el arte de Iberoamérica, Portugal y España

Cinco generaciones de creadoras —de las surrealistas del exilio a las contemporáneas de La Habana y São Paulo— concentran hoy las mayores expectativas de revalorización del arte hecho en Iberoamérica y en la península. No es un relato: son remates de 28,5 y 4,17 millones, récords que se quintuplican en una década y horquillas de estimación leídas una detrás de otra. Crónica de un empoderamiento que empezó en los estudios y ha terminado por reordenar el mercado.

Olga de Amaral, Eslabón en torsión, 1973
Olga de Amaral, Eslabón en torsión, 1973. Crin y lana. Venta privada de Sotheby's, precio a petición. Récord de la artista: 1.168.400 USD (Phillips, mayo 2025) — su marca era de 245.000 en 2014: ×5 en una década. Imagen: ficha de venta, Sotheby's

Hay una manera muy sencilla de comprobar quién manda en el mercado del arte iberoamericano: ordenar las fichas de lote por precio y leer los nombres de arriba abajo. Arriba del todo, Leonora Carrington: 28.485.000 dólares por Les Distractions de Dagobert en mayo de 2024, el mayor precio jamás pagado por el surrealismo hecho en México. Después, Remedios Varo: 4.174.000 por un óleo de 44 centímetros, cuadruplicando la estimación. Luego Olga de Amaral (1.168.400, récord de 2025), Lygia Clark (estimaciones de 400.000–600.000 por treinta centímetros de aluminio plegado), Marina Perez Simão (100.000–150.000 a los cuarenta y cinco años). Hay que bajar mucho la lista para encontrar al primer varón vivo. El eje editorial de esta casa —la mujer y las artes visuales en la Iberoamérica del siglo XXI— ha dejado de ser una declaración de intenciones: es la clasificación oficial.

Cómo se empodera un continente

El empoderamiento no empezó en las salas de subastas; terminó en ellas. Empezó en los estudios, hace un siglo, cuando estas mujeres se negaron a ser musas y se hicieron autoras: Varo entrando en San Fernando cuando la Academia apenas admitía alumnas; Carrington fugándose del baile de debutantes hacia el taller de Ozenfant; Loló Soldevilla —cubana, diplomática, coja de una cadera y sobrada de coraje— plantándose en el París de los cincuenta para traerse a La Habana el arte concreto bajo el brazo; Lygia Clark y sus Bichos pidiendo al espectador que tocara, doblara, participara, medio siglo antes de que la palabra «interactivo» existiera; Olga de Amaral tejiendo muros de crin cuando la crítica llamaba «artesanía» a todo lo que llevara lana. Siguió en los museos, que en la última década corrigieron el relato: retrospectivas de Amaral en la Fondation Cartier de París y el ICA de Miami, sala fija de las surrealistas en el canon, el textil entrando por la puerta grande del MoMA. Y culminó donde culminan todas las revoluciones que van en serio: en el precio. Porque el mercado, que es cínico pero no tonto, solo consagra lo que ya no puede ignorar.

El empoderamiento no empezó en las salas de subastas; terminó en ellas. El mercado solo consagra lo que ya no puede ignorar.

El caso Amaral merece pizarra y tiza, porque es el más didáctico: récord de 245.000 dólares en 2014; récord de 1.168.400 en mayo de 2025, con otro remate de 1,14 millones el mismo mes y 2025 camino de ser su mejor año de subastas. Multiplicar por cinco en una década no lo consigue ni el mejor fondo indexado, y lo ha conseguido una tejedora de 93 años que sigue trabajando en Bogotá. Detrás del precio hay estructura: galería de primera fila (Lisson desde 2019), museos en cadena, y una relectura global del textil que ha convertido lo que los ejecutivos de los ochenta no querían colgar en sus despachos en el material más deseado del contemporáneo. Quien busque la próxima Amaral, que mire a las que aún cuestan cuatro cifras.

Olga de Amaral, Muro, 1977
Olga de Amaral, Muro, 1977. Crin y lana, 700 × 400 cm. Sotheby's, noviembre de 2020: estimación 260.000 – 350.000 USD — cifras previas a su explosión de 2024-2025. Imagen: ficha de lote, Sotheby's
Lygia Clark, Bicho desfolhado, 1960
Lygia Clark, Bicho desfolhado, 1960 (versión 1). Aluminio, aprox. 27,9 × 31,8 cm. Sotheby's, mayo de 2025: estimación 400.000 – 600.000 USD. Cada Bicho que entra en un museo es uno menos que vuelve al mercado. Imagen: ficha de lote, Sotheby's

Las generaciones, una a una

Las fundadoras del exilio. Carrington y Varo, inglesas y catalanas de México, hoy tratadas por las casas con la artillería de los valores seguros: garantías, ofertas irrevocables, veladas nocturnas. Sus cifras quedan dichas; su liquidez, también. Las constructoras. Loló Soldevilla, pionera del arte concreto cubano, cuyas construcciones de los cincuenta se estiman aún en 10.000–15.000 dólares mientras su paralelo evidente —la venezolana Gego, la propia Carmen Herrera, que vendió su primer cuadro a los 89 años y murió cotizando en siete cifras— demuestra exactamente hacia dónde viaja ese tren. Las matriarcas de lo táctil. Clark y Amaral, ya dichas, con Lygia Pape y Mira Schendel escoltándolas en las colecciones que hacen canon. Las contemporáneas. Marina Perez Simão, instalada en las seis cifras con la naturalidad de quien llega a su casa; Glenda León, cuyas ediciones fotográficas de la colección Solita Cohen se ofrecían en 2.000–3.000 dólares: la puerta de entrada más elegante que conoce esta redacción, y el tipo de precio que dentro de quince años se contará como se cuentan hoy las Herrera de los años noventa.

Loló Soldevilla, Sin título, 1956
Loló Soldevilla, Sin título, 1956. Construcción de madera pintada, 33 × 47 cm; expuesta en Sean Kelly, Nueva York. Sotheby's, marzo de 2024: estimación 10.000 – 15.000 USD — la asimetría más clamorosa entre importancia histórica y precio. Imagen: ficha de lote, Sotheby's
Marina Perez Simão, Sem título, 2020
Marina Perez Simão, Sem título, 2020. Óleo sobre lienzo, 160 × 200 cm. Sotheby's, septiembre de 2025: estimación 100.000 – 150.000 USD. La generación de 1980 ya cotiza en seis cifras. Imagen: ficha de lote, Sotheby's
Glenda León, Jardín interior, 2003
Glenda León, Jardín interior [dos obras], 2003. Impresiones lambda, colección Solita Cohen. Sotheby's, marzo de 2024: estimación 2.000 – 3.000 USD — la puerta de entrada. Imagen: ficha de lote, Sotheby's

España y Portugal, misma corriente

La marea no se detiene en el trópico, porque la nómina es peninsular de origen: Remedios Varo es española —de Anglès, formada en el Madrid de San Fernando—, y su consagración millonaria es también la consagración de aquella generación de españolas a las que la guerra les robó el país y la historiografía les robó el sitio. En la península, la recuperación sigue idéntico guion con una década de retraso y las mismas oportunidades: Maruja Mallo, la sinsombrero que expuso con Dalí y acabó en el exilio americano, vive su revisión museística mientras su obra sigue apareciendo en subasta a precios de aficionado informado; Ángeles Santos, que pintó Un mundo a los dieciocho años, es ya materia de manual y todavía no de velada nocturna —tomen nota—. Y Portugal aporta las dos puntas de la lanza: María Helena Vieira da Silva, figura central de la abstracción europea de posguerra y valor consolidado de las ventas de París y Londres, y Paula Rego, cuya reivindicación británica y lisboeta —museo propio en Cascais incluido— ha hecho de sus pastelones morales uno de los activos más sólidos de la figuración europea. Quien haya seguido la curva reciente de las surrealistas británicas o de las mujeres de la Escuela de París ya conoce el final de esta película: primero las tesis doctorales, después las retrospectivas, al final las garantías de las casas de subastas. En Iberoamérica la secuencia ya va por el tercer acto; en España y Portugal, el telón acaba de levantarse sobre el segundo.

Vaticinios (que nos podrán reprochar dentro de diez años)

Esta casa lo viene diciendo desde su fundación y el mercado, con su habitual puntualidad de tren de provincias, acaba de darnos la razón: el siglo XXI iberoamericano se escribirá en femenino o no se entenderá. Van, pues, los pronósticos por escrito, que es como se comprueban. Uno: Amaral superará los dos millones antes de 2030; el textil es la última gran relectura pendiente del canon y ella es su obra cumbre. Dos: Soldevilla multiplicará por diez en cuanto una retrospectiva institucional europea haga con ella lo que ya se hizo con Herrera y con Gego; a los precios actuales es, sencillamente, la mejor compra del continente. Tres: la Boadicea de Carrington, reofertada en Londres con estimación recortada, no llegará viva al verano: los remates fallidos de noviembre son las gangas de junio. Cuatro: la primera Varo importante que salga a mercado tras el ciclo expositivo europeo que se avecina hará caer el récord de 2024. Y cinco: las Mallo y Santos españolas y el papel de Rego serán la sorpresa peninsular del quinquenio. Para el coleccionismo —privado, corporativo o institucional— la consecuencia práctica es inmediata: las mujeres de Iberoamérica, España y Portugal concentran hoy la combinación más rara del mercado, máxima calidad historiográfica con recorrido de precio por delante. Las fichas están sobre la mesa. Lo demás es cuestión de criterio y de no llegar, otra vez, con veinte años de retraso.  ■

Datos: fichas de lote y ventas privadas de Sotheby's (2020–2026), Christie's y Phillips. Remates con prima incluida; el resto, estimaciones de salida. No constituye asesoramiento de inversión.

Víctor Del Campo Yllera · De Leonora Carrington a Glenda León — La Mujer y las Artes Visuales en la Iberoamérica del siglo XXI · Temas de ARTE.

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