Temas de ARTE®
Revista de Arte del Siglo XXI de Iberoamérica y del Mediterráneo
Estética y fe 25 de octubre de 2026
Estética y fe en el siglo XX.

Místicos en Burri, Tàpies, Laib y Penone: de Asís al zen.

Burri, Tàpies, Laib y Penone: la materia pobre como lenguaje religioso en el arte europeo de posguerra
Burri, Tàpies, Laib y Penone: la materia pobre como lenguaje religioso en el arte europeo de posguerra

San Francisco de Asís, Ramon Llull, los monjes zen y Lao Tse: los místicos que leían Burri, Tàpies y Laib, y la lectura franciscana de Penone en Perugia.

Giuseppe Penone ha llevado al Palazzo Baldeschi de Perugia una hogaza de pan de 46 kilos, cocida por la pastelería Alunni de Ponte San Giovanni y apoyada en una estructura de hierro de 2 metros por 80 centímetros. La obra se titula «Alfabeto» y está hecha para «San Francesco. Nostro contemporaneo. Arte e spiritualità da Burri a Pistoletto», que cierra el 1 de noviembre de 2026. Su comisario, Costantino D'Orazio, la explica así: a la manera franciscana, el pan queda a disposición de los pájaros. La exposición empieza con Alberto Burri. Fuera de ella, Antoni Tàpies y Wolfgang Laib trabajaron con materiales igual de humildes, y los cuatro comparten algo más que el gusto por la arpillera, el polvo, el polen o la madera.

Alberto Burri: Exhibition Overview at the Guggenheim
Alberto Burri: Exhibition Overview at the Guggenheim

Francisco de Asís es el nombre que aparece, de una forma u otra, en los cuatro casos. Hacia 1224-1226, casi ciego, dictó el «Cántico de las criaturas», donde llama hermano al sol y hermana al agua y alaba a Dios por cada una de ellas. En ese texto la criatura más humilde tiene el mismo derecho a la alabanza que la más noble, y por eso la tradición franciscana ha servido a la crítica para leer el uso de materiales pobres en el arte del siglo XX. Burri, Tàpies y Laib dejaron constancia, en sus fundaciones y galerías, de qué místicos les importaban, y cada uno añadió los suyos al santo de Asís. Penone no lo hizo, y la lectura franciscana de su obra procede de quienes la exponen.

Alberto Burri, «Sacco e bianco», 1953. Arpillera y tela sobre fondo negro, 149 x 249,5 cm. Centro Pompidou, París. Centre Pompidou, Musée national d’art moderne, París.
Alberto Burri, «Sacco e bianco», 1953. Arpillera y tela sobre fondo negro, 149 x 249,5 cm. Centro Pompidou, París. Centre Pompidou, Musée national d’art moderne, París.

Alberto Burri llegó a la pintura por una puerta poco común. Nacido en Città di Castello, en Umbría, en 1915, era médico y cayó prisionero en Túnez en 1943; al año siguiente, en el campo de Hereford, en Texas, pintó su primer cuadro documentado. De vuelta en Roma dejó la medicina y hacia 1950 empezó a coser sacos. El Centro Pompidou, que conserva su «Sacco e bianco» de 1953, explica que la tela procede de los sacos en que llegaba a Italia el grano del Plan Marshall. Un médico que había curado heridos rasgaba la tela que había alimentado a un país vencido y la cosía con hilo basto, como quien sutura. Él se negó siempre a explicarlo: las palabras, dijo, no le servían para hablar de su pintura.

El Cuerpo o la piel de la pintura. Proyecto de exposición de Antonio Machón para el Museo del Prado.
El Cuerpo o la piel de la pintura. Proyecto de exposición de Antonio Machón para el Museo del Prado.

La relación de Burri con el franciscanismo está mejor documentada de lo que se suele creer. En 1969 pintó los telones de «L'avventura di un povero cristiano», el drama de Ignazio Silone sobre Celestino V, el ermitaño que fue papa unos meses de 1294 y renunció, estrenado en San Miniato con dirección de Valerio Zurlini. Según el estudio de Santi Centineo publicado por FrancoAngeli en 2022, el primer telón, un gran saco cortado y recosido, evoca el retiro de los ermitaños franciscanos. Del 3 de mayo al 2 de junio de 1975 Burri expuso en el Sacro Convento de Asís, y en noviembre de 2024 aquel saco de 7,4 por 9,5 metros colgó en el ábside de la catedral de Città di Castello por los ochocientos años de los estigmas de Francisco. Bruno Corà, presidente de la Fundación Burri, habló entonces de una pobreza rescatada por la forma y admitió que el vínculo con el santo es difícil de demostrar.

Estora (Estera)
Tàpies, Antoni. 1994
TécnicaPintura, collage y lápiz sobre madera. / 200 x 228 x 12,5 cm
2014
Depósito temporal Colección Soledad Lorenzo, 2014
Estora (Estera) Tàpies, Antoni. 1994 TécnicaPintura, collage y lápiz sobre madera. / 200 x 228 x 12,5 cm 2014 Depósito temporal Colección Soledad Lorenzo, 2014

Antoni Tàpies, el máximo representante del informalismo matérico, sintió desde joven, según la biografía oficial de su Fundació, un interés por el arte y la filosofía orientales que acabó en el budismo zen. En «Memòria personal» (1977) describió aquel encuentro como el suspiro aliviado de quien reposa después de un largo camino, y en «Comunicación sobre el muro» (1970) comparó las estrías de sus cuadros de polvo de mármol con los jardines de arena de los templos zen. Sus maestros en esto fueron cinco monjes japoneses de los siglos XVIII y XIX, Hakuin, Sengai, Jiun, Torei y Rengetsu, que según la Fundació le enseñaron una manera de trabajar más que unas formas. La deuda se nota sobre todo en los años setenta y ochenta, cuando Tàpies volvió a la pincelada y la mezcló con escritura e ideogramas, y la Fundació la estudió entre diciembre de 2023 y junio de 2024 en «Tàpies. La huella del zen», comisariada por Núria Homs.

Tàpies y los místicos cristianos completan el cuadro, y por una vía catalana reaparece Francisco de Asís. La biografía de la Fundació recoge que en los años ochenta el pintor relacionó los textos de Ramon Llull, Arnau de Vilanova y Enric de Villena con la mística medieval y la alquimia; Llull figura en el Martirologio Romano como terciario franciscano. En noviembre de 1990, en su investidura como doctor honoris causa por la Universitat de les Illes Balears, Tàpies leyó un discurso titulado «L'art modern, la mística i l'humor», donde enumeró la tradición mística que a su juicio el arte moderno, sobre todo desde el surrealismo, había vuelto a leer: el maestro Eckhart, la filosofía franciscana de la naturaleza, San Juan de la Cruz, Jacob Böhme, William Blake. Llull ocupa en ese texto un lugar propio, aunque la mística de Tàpies debe más a los monjes zen que a la tradición carmelitana de San Juan de la Cruz.

Wolfgang Laib, «The Phillips Laib Wax Room», 2013. Cera de abeja, 1,8 x 2,1 x 3 m. The Phillips Collection, Washington. The Phillips Collection, Washington.
Wolfgang Laib, «The Phillips Laib Wax Room», 2013. Cera de abeja, 1,8 x 2,1 x 3 m. The Phillips Collection, Washington. The Phillips Collection, Washington.

Wolfgang Laib también empezó en la medicina. Nacido en Metzingen, en el sur de Alemania, en 1950, estudió en Tubinga y viajó de niño a la India con sus padres, interesados por su arte y su cultura; la fundación del Praemium Imperiale, que lo premió, sitúa ahí el comienzo de una relación muy intensa con ese país. En 1975 hizo la primera «piedra de leche», un mármol blanco con una leve depresión que llena de leche, y desde 1977 recoge polen planta por planta en los prados de su casa, cerca de Biberach. Laib sostiene que nunca cambió de profesión y que hace con su obra lo que quería hacer como médico. Entre el 23 de enero y el 11 de marzo de 2013 el Museo de Arte Moderno de Nueva York cubrió su atrio con unos 5,5 por 6,4 metros (18 por 21 pies) de su polen de avellano.

«El cuerpo de un árbol es en sí mismo una escultura» – El artista Giuseppe Penone en su estudio
«El cuerpo de un árbol es en sí mismo una escultura» – El artista Giuseppe Penone en su estudio

Los místicos de Wolfgang Laib tienen nombres propios, y su galería los ha puesto en las paredes. En «Türme des Schweigens», la exposición de Thaddaeus Ropac en Salzburgo que cerró el 18 de julio de 2026, cada sala llevaba uno de los textos que, según la galería, han marcado su vida y su obra: aforismos de Lao Tse, la oración de Francisco de Asís ante el crucifijo de San Damiano, un fragmento de Novalis y los Upanishads. De Lao Tse cita que cuanto menos se hace, más queda hecho, porque todo está ya hecho. En 2019 colocó un zigurat de cera de abeja en la capilla Pazzi de Santa Croce, la basílica franciscana de Florencia, y polen en dos celdas de San Marco pintadas por Fra Angelico; en Washington, la Phillips Collection conserva desde 2013 su cámara forrada con unos 400 kilos de cera de abeja. En 2022 le dijo a Paul Carey-Kent que su religión es el arte, que no es budista y que nunca se hizo jainista.

Giuseppe Penone, «The Hidden Life Within», tronco tallado siguiendo los anillos de crecimiento. Art Gallery of Ontario, Toronto. Foto: Sphilbrick /
Giuseppe Penone, «The Hidden Life Within», tronco tallado siguiendo los anillos de crecimiento. Art Gallery of Ontario, Toronto. Foto: Sphilbrick /

Giuseppe Penone es el único de los cuatro sin un místico declarado. Nacido en Garessio, en el Piamonte, en 1947, empezó en 1969 la serie de los «Alberi»: toma una viga industrial, sigue con la gubia uno de los anillos de crecimiento y retira madera hasta que reaparece el árbol joven que la viga llevaba dentro. En una entrevista de 2025 con «Artribune» explicó que el árbol colaboró en la creación de la obra. En las entrevistas y biografías consultadas para este artículo no aparecen Francisco de Asís, Llull, Lao Tse ni ningún otro místico. La lectura franciscana es de D'Orazio, que en Perugia presenta su trabajo como imagen de la creación entendida como espejo de lo divino, y Penone respondió al encargo con un pan para los pájaros.