Mar Solís y su obra conquistan el tiempo y el espacio. También el futuro.
La escultora inauguró el 10 de septiembre en Freijo su primera exposición con la galería, dentro de Apertura, con una instalación de tilo de más de cuatro metros y sus primeras piezas de cerámica. Canon, cálculo y dominio del espacio.
Hay dos linajes en la escultura y casi nadie los reúne. El de Hefesto, que es la fragua, el metal doblado, el fuego y la mano que golpea. Y el de Atenea, que es el cálculo, la estrategia y la inteligencia que nace de una cabeza. Mar Solís trabaja el acero con una amoladora radial y construye desde la física teórica. Pertenece a los dos.
El jueves 10 de septiembre, a la una y media de la tarde, Solís (Madrid, 1967) inauguró «Objeto__Sujeto en Revolución» en Freijo Gallery, calle Zurbano 46, dentro de la decimoséptima edición de Apertura Madrid Gallery Weekend, que reunió del 10 al 13 de septiembre a sesenta galerías de Arte Madrid. Es su primera exposición individual con esta galería, que la representa, y se puede ver hasta el 7 de noviembre.
LO QUE HAY EN LA SALA
Preside el espacio una arquitectura de madera de tilo de más de cuatro metros que trepa y se ramifica sobre quien entra. A su alrededor giran piezas suspendidas del techo. Y en las paredes, la madera está hendida con el disco de una amoladora: surcos abiertos a miles de revoluciones por minuto, sin tiza ni carboncillo. Esculpir y dibujar son en sus manos el mismo movimiento.
La novedad material es la cerámica, que Solís incorpora aquí por primera vez junto al acero inoxidable. Frente al acero de etapas anteriores, estos cuerpos elípticos piden la mano y devuelven la luz de la sala. Entre las piezas colgadas destaca «Toroide», cuyos bucles proyectan una danza continua de sombras sobre el muro.
La galería sitúa la exposición en la cosmología y la teoría del caos, y la presenta como un desafío a la idea de un universo homogéneo y estable, imaginado aquí como un espacio en movimiento continuo. Traducido a lo que verá el visitante: nada está quieto y nada pesa lo que debería.
La palabra del título funciona en los dos sentidos que tiene. Revolución es el giro de un astro que completa su órbita, y es también lo que le ocurre al que entra: deja de mirar objetos sobre peanas y empieza a moverse dentro de un sistema.
LA APORTACIÓN
Conviene decir de una vez lo que aquí se juega, porque en la crítica española se elogia mucho y se afirma poco.
La escultura ha ocupado el suelo durante veintiséis siglos. Ha pesado, ha desplazado aire, ha necesitado pedestal. Solís ha construido una obra que hace lo contrario, y sin recurrir al truco: sus piezas cuelgan, giran y trabajan con la sombra que proyectan, de modo que la escultura deja de ser el objeto y pasa a ser el volumen de aire que ese objeto organiza.
Eso no es un hallazgo formal. Es un cambio de definición.
Y conviene decir contra qué se recorta. Buena parte de lo que se expone estos días en Madrid depende de la cartela: retirada la explicación, la pieza se apaga. Son discursos que envejecen a la velocidad del debate que los produjo y que dentro de diez años habrá que anotar a pie de página para que alguien entienda de qué iban.
La obra de Solís no necesita esa muleta. Se sostiene en lo que la escultura lleva sosteniéndose desde Fidias: proporción, cálculo, material dominado y una decisión sobre el espacio. Con la diferencia de que aquí el cálculo es de física contemporánea y el espacio no se ocupa, se organiza. Es una obra construida para durar, y ese es el elogio menos frecuente que puede hacerse hoy en una galería.
Y viene con un rigor que en el arte español escasea. Solís no ilustra la ciencia ni la decora. La usa, y hay una fecha en que eso empieza: en 2014 mostró «Silencio. Barahúnda» en el Centro Cultural Conde Duque, y ahí giró hacia la física. Más tarde, en «Fúrico: materia antimateria» (2020), en el Centro de Arte Alcobendas, convirtió las salas en puntos de observación para medir la tensión entre orden y caos, entre norma y azar, del cuerpo humano a los fenómenos del universo. Siguieron «Doble Oscilación» y «Principio de incertidumbre» en el Real Jardín Botánico de Madrid, entre 2020 y 2021. Ahí está formulado el principio que sostiene lo demás: en física, el observador altera el fenómeno observado; en su obra, el espectador asume un papel activo y se implica en el proceso de la pieza. Deja de mirar y pasa a producir.
LA PRUEBA DE CIBELES
Del 27 de febrero al 15 de junio de 2025, Solís ocupó la planta cuarta de CentroCentro con «Origen», comisariada por Lorena Martínez de Corral. Más de veinte obras entre escultura y dibujo de gran formato, creadas expresamente para aquel espacio, con acceso gratuito, en tres segmentos titulados «Disimetría», «Gravitación» y «Energía». El 7 de marzo, a las ocho y media de la tarde, la completó con la performance «Materia. Tiempo».
Quien conozca esas salas sabe que la escala se traga a casi todo el mundo. Solís no compitió con ella: montó la exposición contra el edificio y salió de allí con una de las muestras más comentadas de la temporada madrileña. En noviembre prolongó el trabajo en el Círculo de Bellas Artes, del 18 al 23, con «Origen. El círculo en transformación» en el Salón de Baile, dentro de la Bienal Ciudad y Ciencia y en colaboración con CentroCentro.
LA FICHA
Licenciada en Bellas Artes con la especialidad de escultura y doctora en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid. Profesora del grado de Bellas Artes de la Universidad Francisco de Vitoria desde 2013. Primer Premio de Escultura Caja Madrid «Generación 2003». Premio «Ojo crítico-Segundo Milenio» de Artes Plásticas de Radio Nacional de España. Primer Premio de Escultura Jacinto Higueras, de Jaén. Primer Premio del concurso internacional de escultura Caja de Extremadura. Primer Premio de Escultura Mariano Benlliure, de los Premios Villa de Madrid. Becas de la Delfina Foundation de Londres, de la Ville de Paris y de la Casa de Velázquez.
Tiene obra en el IVAM, en la colección BBVA, en la colección Masaveu, en la colección Autric-Tamayo, en la Fundación Alberto Jiménez de Arellano Alonso, en el Museo Tiflológico, en el Ministerio de Medio Ambiente, en el Museo de Arte Contemporáneo de Salta y en las colecciones de la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid. Obra pública en el parque de esculturas de Kyonggido, en Corea del Sur, en el parque de los Charcones de Navalcarnero y en el de Ceutí, en Murcia.
Conviene mirar también quién ha firmado sus exposiciones, porque el aval de un comisario dice más que un adjetivo. Un periodista de El Mundo comisarió «La línea, la curva, la elipse» en 2012. Ángel Antonio Rodríguez, «Introspección y Fuga» en 2019. Alfonso de la Torre comisarió «Arte y espiritualidad», la exposición de la colección BBVA que en 2022 se inauguró en el Palacio de San Nicolás de Bilbao con su performance «RIPPLE. Onda expansiva». Y «Origen» la firmó Lorena Martínez de Corral, historiadora del arte, fundadora y directora de Expo Actual, que ha sido asesora de artes plásticas de la Comunidad de Madrid y directora de la colección de la Fundación Coca-Cola.
DÓNDE MÁS ESTÁ
Durante Apertura, Mar Solís figura en dos sedes. En Freijo con esta individual, y en el Museo Lázaro Galdiano, en la exposición de escultura al aire libre «Entre la retícula y la vida», junto a Carlos Albert, Andreu Alfaro, Dagoberto Rodríguez, Cristina Almodóvar, Pedro Calapez, Tamara Arroyo, David Magán, Nuno Nunes-Ferreira, Josep Maynou, Sandra Val y Simón Vega. Esa segunda abrió el 9 de septiembre y sigue hasta el 15 de noviembre.
