«La bola negra»: el amor oscuro de Lorca que nos llena de luz. Obra maestra.
«La bola negra», de Javier Calvo y Javier Ambrossi, llega a los cines el 25 de septiembre con el premio a la mejor dirección de Cannes, el premio del público de Toronto y la candidatura española a los Óscar. La vi en Donosti y la tengo por la película española más importante en lo que va de siglo.
Rafael Rodríguez Rapún murió el 18 de agosto de 1937 en el hospital de sangre número 4 de Santander. Tenía veinticinco años. Había pasado un año desde el asesinato de Federico García Lorca, que lo llamaba «las tres erres». Rapún está enterrado en el cementerio de Ciriego. Lorca no tiene tumba: en 2009 la Junta de Andalucía excavó en Alfacar la fosa donde se le suponía junto a otros fusilados con él y no apareció un solo hueso, y su familia se había opuesto porque no quería que se removieran sus restos. Vi «La bola negra» en Donosti, la ciudad donde la película se estrenó en España, dentro de la sección Perlak del Festival de San Sebastián, y no he podido quitarme a esos dos hombres de la cabeza. La tengo por la película española más importante de lo que llevamos de siglo, y lo digo sabiendo que muchos no estarán de acuerdo.
CUATRO PÁGINAS DE LORCA Y UNA OBRA DE ALBERTO CONEJERO
Lorca dejó cuatro páginas de «La bola negra». En ellas un joven granadino le cuenta a su padre que el casino lo ha rechazado, y la razón es que es homosexual. Javier Calvo y Javier Ambrossi escribieron el guion con Alberto Conejero, Premio Nacional de Literatura Dramática, y lo apoyaron en «La piedra oscura», la obra en la que Conejero pone a Rapún bajo la custodia de un soldado, Sebastián, en 1937. A ese año la película le suma otros dos. En la Granada de 1932, Carlos recibe la bola negra de los socios del casino. En 2017, Alberto hereda de un abuelo al que nunca conoció el manuscrito completo de «La bola negra».
Ese manuscrito no existe, y los guionistas lo saben. Para mí es la licencia más hermosa que se ha permitido el cine español en muchos años, porque le devuelve a Lorca lo que le quitaron en agosto de 1936: el final de su obra.
La historia es bella. Sentí la mano de Lorca en toda la película, como se siente la mano de quien acaba de salir de una habitación: la silla retirada de la mesa, la lámpara encendida, el libro abierto por la misma página. Yo quiero a Lorca desde que lo leí por primera vez, y durante las dos horas y media largas que dura la película estuve en esa habitación sin que nadie me dijera que el dueño no iba a volver. Encontré emoción, belleza, amor, tristeza y esperanza. La tristeza pesa más. La esperanza llega tarde, como llegó tarde casi todo para esta gente.
GUITARRICADELAFUENTE Y MIGUEL BERNARDEAU, LA PAREJA DE 1937
Guitarricadelafuente no había actuado nunca en el cine, y su Sebastián tiene la contención de un actor veterano. Lo escribo con asombro: cada silencio suyo pesa más que muchas páginas de diálogo. Miguel Bernardeau es Rafael y le da una ternura obstinada, la de un hombre que sigue creyendo en el amor cuando todo a su alrededor le dice que no. Me los creí a los dos de principio a fin. Guitarricadelafuente canta además en la película «La nieve».
Milo Quifes, que también debuta, es Carlos, el muchacho de 1932, y Carlos González es Alberto. Detrás de ellos hay tres actrices que no necesitan presentación y que aquí se ponen al servicio de la historia sin buscar un solo plano de lucimiento. Lola Dueñas, con dos Goya y el premio de interpretación de Cannes, es Teresa. Penélope Cruz, ganadora del Óscar, es Nené Romero. Glenn Close, con ocho candidaturas al Óscar, es Isabelle Durand, una estudiosa de Lorca en la línea de 2017. Ninguno sobra. No les vi un gesto de más.
UNA DIRECCIÓN PREMIADA EN CANNES
Calvo y Ambrossi mueven tres tiempos a la vez y no sueltan nunca la mano del espectador. Pasar de la Granada de 1932 a la guerra de 1937 y de ahí a 2017, a lo largo de dos horas y media, sin que la emoción se enfríe en ningún cambio, es un trabajo de dirección y de montaje, este último firmado por Alberto Gutiérrez, que pocas veces he visto en una película española. En mayo ganaron en Cannes el premio a la mejor dirección, compartido con Paweł Pawlikowski por «Fatherland», en una edición en la que también competía Almodóvar con «Amarga Navidad». Es su segundo largometraje, después de «La llamada». Bardem, Buñuel, Berlanga y Almodóvar cambiaron cada uno la manera de ver el cine en España, y creo que Calvo y Ambrossi se ponen a su lado.
UNA ESTÉTICA CUIDADA, REAL, ONÍRICA Y LORQUIANA
Gris Jordana, directora de fotografía, rodó en película de 35 milímetros, y esa decisión se nota en cada rostro: la piel tiene poro y la luz tiene peso. Roger Bellés firma la dirección de arte, Ana López Cobos el vestuario, Belén Martí Lluch la dirección de movimiento y Raül Refree la música. En una de las imágenes de la película, un joven de traje oscuro espera de pie, solo, sobre una alfombra clara, mientras lo miran socios de traje y militares de uniforme, con un clérigo de solideo rojo entre ellos, y en las paredes hay pintadas torres y cipreses que recuerdan a Granada. Es real hasta el último botón y parece un sueño. Eso es lo lorquiano: la verdad puesta en escena como un teatro.
La campaña de carteles sigue esa línea. Pinta a brochazos de rosa sobre la fotografía y clava flechas en los cuerpos, como en las imágenes de san Sebastián, que es también el nombre del soldado de 1937. El detalle me llevó a otro: Salvador Dalí publicó el 31 de julio de 1927, en la revista barcelonesa «L'Amic de les Arts», un texto titulado «Sant Sebastià» y se lo dedicó a Lorca.
DE CANNES A LOS ÓSCAR
Después de Cannes, la película ganó el premio del público en el Festival de Toronto, pasó por la sección Perlak de San Sebastián y la Academia de Cine la ha elegido para representar a España en los Óscar. El rodaje empezó el 25 de agosto de 2025 en Castil de Carrias, en Burgos, un pueblo que la mayoría de los lectores tendrá que buscar en el mapa, y siguió por Comillas y Valdáliga, en Cantabria, por Granada, por Sigüenza y por Madrid. En Estados Unidos la estrenará Netflix. El cine español, las artes visuales y la fotografía vuelven a estar arriba.
Rapún sigue en Ciriego. Desde el 25 de septiembre, también está en los cines.
