La belleza cura las heridas del corazón. El Vaticano lo demuestra en la Bienal de Venecia.
El pabellón del Vaticano de la Bienal de Venecia favorito de los visitantes en 2026.
«El oído es el ojo del alma.» La frase titula el pabellón de la Santa Sede en la 61.ª Exposición Internacional de Arte de la Bienal de Venecia, abierta del 9 de mayo al 22 de noviembre de 2026, y procede de Hildegarda de Bingen, abadesa benedictina nacida en 1098 y muerta en 1179, proclamada santa y doctora de la Iglesia por Benedicto XVI en 2012.
Conviene reparar en lo que la frase sostiene. No dice que el oído acompañe a la vista ni que la complete. Dice que ve. Hildegarda compuso música, escribió tratados de medicina y describió visiones, y en toda su obra vuelve una palabra, viriditas, el verdor, la fuerza que empuja a la materia viva.
La objeción es previsible y hay que formularla en su forma más fuerte, porque tiene parte de razón. Dirá el escéptico que la Iglesia acude a la Bienal buscando una respetabilidad cultural que ya no consigue en otros foros. Dirá que encargar a veinticuatro artistas obras sobre una santa medieval no es diálogo sino encargo, y que llamar diálogo al encargo es una impostura. Y añadirá que el silencio, envasado en auriculares y repartido entre visitantes con entrada, es un producto más de la industria del bienestar, indistinguible de una aplicación de meditación.
La diferencia está en quién formula la pregunta. Este pabellón no pide a Brian Eno, ni a Jim Jarmusch, ni a Meredith Monk, ni a Patti Smith que hablen de Dios. Les presta el Jardín Místico de los Carmelitas Descalzos, en Cannaregio, cinco mil metros cuadrados de huerto monástico del siglo XVII cerrados al público, y les pide que escuchen.
La segunda sede es el complejo de Santa María Auxiliadora, en Castello, que ya acogió el pabellón vaticano en la Bienal de Arquitectura de 2025 con «Opera aperta», de Tatiana Bilbao Estudio y Maio Architects. Comisarían Hans Ulrich Obrist y Ben Vickers con Soundwalk Collective. El cardenal José Tolentino de Mendonça, prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación, lo presentó como un observatorio del mundo. Patti Smith lo inauguró con «Sonic Prayer» en la iglesia de los Carmelitas. Venecia conserva una prueba anterior del mismo trato. La Scuola Grande di San Rocco, cofradía laica fundada en 1478, entregó sus salas a Tintoretto durante veintitrés años. Salieron más de sesenta lienzos con el Antiguo y el Nuevo Testamento, entre 1564 y 1587, y siguen en el sitio para el que se pintaron.
