Fútbol y arte: el Museo Jumex convierte la cancha en museo
Cerca de cien obras de sesenta artistas de trece países, la museografía-estadio de Mauricio Rocha y unas gradas recicladas del Azteca: la muestra más ambiciosa del año en México llega con el Mundial 2026 de fondo. Crónica y crítica.
Hay pocas certezas más democráticas que esta: en el minuto noventa, un país entero contiene la respiración a la vez. El Museo Jumex —la nave de mármol travertino que David Chipperfield levantó en el filo norte de Polanco— ha decidido tomarse en serio esa emoción compartida y convertirla en materia de exposición. Con el Mundial de 2026 como telón de fondo, Fútbol y Arte. Esa misma emoción ocupa las Galerías 1, 2 y 3 y la Plaza del museo del 28 de marzo al 26 de julio, y traza un recorrido por las múltiples intersecciones entre el arte contemporáneo y el balompié como expresión cultural, estética y social.
La cifra impresiona: cerca de cien obras de sesenta artistas provenientes de trece países —entre ellos México, Estados Unidos, Francia, Japón y Sudáfrica—, desde piezas históricas hasta comisiones producidas expresamente para la ocasión. Pintura, escultura, instalación, fotografía y vídeo se reparten un mismo campo de juego. Y al frente, como seleccionador, uno de los curadores más singulares del país: Guillermo Santamarina, cuya erudición heterodoxa lleva cuatro décadas cruzando la alta cultura con el ruido de la calle.
Una arquitectura hecha estadio
El gran acierto de partida es espacial. La museografía la firma el arquitecto Mauricio Rocha, que reordena las salas para aludir a los elementos simbólicos del fútbol —el balón, la cancha, las gradas, el estadio— sin caer en la escenografía literal. El visitante no mira obras colgadas en fila: las recorre como quien baja hacia el césped desde la última fila de la tribuna. La exposición se organiza en núcleos temáticos que abordan cuestiones de género, comunidad, identidad y globalidad, y que exploran a la vez la fuerza lúdica del juego y sus dimensiones críticas y políticas.
Comisiones, colectivos y una tribuna en la plaza
Para esta cita, el Jumex encargó obra nueva a Diego Berruecos, Iñaki Bonillas y Sofía Echeverri, y suma nombres de peso internacional como Melanie Smith —con la pieza Un tiempo de libertad en que el mundo había sido posible— o el colectivo Slavs and Tatars. La identidad visual de la muestra la diseñó el artista Clotilde Jiménez, autor de una serie de collages que destilan la energía cromática del juego.
Pero la jugada más elocuente está fuera de las galerías. En la Plaza del museo, el colectivo Tercerunquinto presenta Tribunas, una instalación escultórica levantada con butacas recicladas del Estadio Azteca, concebida como espacio público y performativo: allí se celebrarán lecturas, conciertos, acciones y hasta transmisiones de partidos durante toda la exhibición. Sentarse en un asiento que vio seis décadas de gol y grito, ahora frente a un museo, es exactamente el tipo de gesto que justifica una exposición entera.
A la izquierda, el juego como iconografía pop: la cabeza-balón sobre el verde de la cancha. A la derecha, la cara económica del deporte —Mendieta, Ronaldo, Ferdinand y sus cifras de traspaso en millones de dólares—, el fútbol como mercado desatado. Fotos: Ramiro Chaves.
Cuando el arte se pone la camiseta: ¿celebración o coartada?
Hay que decirlo sin ambages: Fútbol y Arte es generosa, popular y valiente, y su museografía es de las mejores que ha producido el Jumex. Pero conviene mirar el partido completo. La tesis del fútbol como «lenguaje común y universal» es cierta y, a la vez, cómoda: corre el riesgo de volverse un paraguas amable que domestica todo lo que el fútbol también es —negocio despiadado, maquinaria FIFA, instrumento de identidad y de olvido—. Reunir cien obras de sesenta artistas es un despliegue admirable, pero también una tentación: el argumento curatorial puede diluirse en el inventario, y la potencia crítica que promete quedar amortiguada por la fiesta.
Y está la paradoja de fondo, la más incómoda: un museo nacido de una fortuna del jugo, instalado en el enclave más exclusivo de la ciudad, celebra la pasión de las gradas mientras el aficionado de a pie rara vez cruza esa puerta de mármol. Es precisamente ahí donde Tribunas, de Tercerunquinto, salva la función: al arrastrar los asientos del Azteca hasta la plaza, devuelve el juego a la calle y obliga al cubo blanco a jugar de visitante. Ojalá el resto de la muestra tuviera esa misma humildad de barrio.
Veredicto: imprescindible. Se le perdona la euforia porque acierta en lo esencial —tratar la emoción popular con inteligencia y sin condescendencia—. Vayan, siéntense en las gradas del Azteca y discutan. Para eso, también, sirve el fútbol.
Con esta exposición, el Museo Jumex —abierto al público en noviembre de 2013 como principal plataforma de la Fundación Jumex Arte Contemporáneo, impulsada por el coleccionista Eugenio López Alonso— reafirma su apuesta por las prácticas artísticas que dialogan con la cultura popular, el deporte y la vida cotidiana. En un momento en que el mundo entero se une en torno al balón, Esa misma emoción no solo celebra la estética del juego: invita a preguntarse qué reúne, qué imaginarios construye y qué fronteras es capaz de cruzar. La pelota, al fin, está en el tejado del espectador.