Juana González . Reivindica el trono para la pintura.
La pintora de Puertollano expone «Manos de hacer» en ARMA Gallery hasta el 7 de noviembre y abre en la segunda quincena de octubre «Indómita pintura», su primera exposición institucional en Madrid en Centro Centro.
Domar, según el diccionario de la Academia, es sujetar, amansar y hacer dócil al animal a fuerza de ejercicio y enseñanza, y también reprimir las pasiones. «Indómita pintura», el título de la exposición que Juana González (Puertollano, 1972) abre en la segunda quincena de octubre en la planta 3 de CentroCentro, en el Palacio de Cibeles, pone el adjetivo delante del nombre, y el orden importa: lo que no se deja domar es la pintura. La comisaría Fernando Castro Flórez, la entrada es gratuita y estará abierta hasta el 18 de abril de 2027. Es su primera exposición institucional en Madrid.
Conviene exponer primero la objeción, y en su forma más fuerte, porque la sostienen personas serias. Desde hace más de un siglo, una parte del arte occidental trabaja con la convicción de que la pintura está agotada: el sueño pintado ya lo apuraron los surrealistas, y lo que hoy corresponde es la idea y el documento. Quien piense así verá en una pintora de figuras oníricas una nostalgia bien ejecutada. Muchas de nuestras instituciones han pensado así durante décadas. Tenemos que tomarlo en serio.
La respuesta está en las telas, ahora de lino. En ARMA Gallery, en la calle Valverde, 30, «Manos de hacer», con comisariado de Javier Díaz-Guardiola, reúne obra de entre 4.500 y 15.000 euros; en una de sus hojas de precios, tres cuadros llevan ya punto rojo. En «Narciso», de 200 por 170 centímetros, un hombre arrodillado tiende dos brazos negros sobre un cuerpo pintado de azul, bajo un cielo rojo y naranja cerrado arriba por una franja azul de la que cuelgan goteos; en el antebrazo lleva pintada una mano magenta. En «Refugio», de 180 por 130, una mujer con el pelo suelto y un hombre con los ojos cerrados quedan cruzados por un brazo rojo, y abajo asoma una cabeza invertida. Ninguno de los dos cuadros se deja explicar. Lo que ofrecen es lo que da el sueño: una escena completa cuya ley no conocemos.
Esa ley existe, y se deja ver. El color de la piel no describe; distingue. En «Apoyo en chico ultramar», de 2026, el muchacho tiene la cara azul y las cuatro manos que lo sujetan son rojas. En «Apoyo II», de 2022, la cara es amarilla y las tres manos, otra vez, rojas. Quien sujeta y quien es sujetado nunca comparten color. Es una mitología privada con gramática propia.
Por eso la pintura tiene que volver al lugar alto que ocupó entre las bellas artes, y para volver necesita empezar de nuevo desde el oficio. Juana González deja correr la pintura y no la corrige: chorretones amarillos en «Refugio», una gota negra que cuelga de la oreja de la mujer en «Apoyo II». Dibuja las manos con un doble contorno blanco y turquesa, como un registro de estampa levemente desplazado. El cuadro enseña cómo se ha hecho y la escena no se pierde. La última década lo confirma con fechas: una exposición a dos con Silvia Lermo en la Galerie 100 Kubik de Colonia en 2020, la individual de la Sala Robayera de Miengo en 2021, una colectiva en la Galerie Tournemire de París en 2022, el premio a la mejor artista española de la revista del Instituto de Arte Contemporáneo en ARCO 2025 y la invitación de la feria MARTE de Castellón en mayo de 2026, donde tres colecciones le compraron obra.
En su texto de presentación, Castro Flórez la acerca a Neo Rauch y al neoexpresionismo de Immendorff, y deja constancia de su admiración por el Barroco. La comparación con Rauch es exacta, y conviene llevarla también a la carrera. Nacido en Leipzig en 1960, Rauch debutó en Nueva York en 2000 con la galería David Zwirner sin dejar EIGEN + ART, su galería alemana, y en 2007 pintó catorce cuadros nuevos para la exposición que le dedicó el Metropolitan Museum, dentro de una serie para artistas a media carrera. Juana González está en ese tramo, el que CentroCentro reserva a su planta 3, y ya ha colgado en Colonia, París, Múnich y La Chaux-de-Fonds. Lo que debe evitar es otra cosa. Que la próxima moda la deje en otro plano, como se obvió a los figurativos españoles de los ochenta.
