Temas de ARTE®
Protagonista

David Hockney, o el arte de mirar mejor

«Hay que mirar el mundo con mucha atención: la mayoría de la gente apenas lo mira.»

David Hockney ante The Arrival of Spring
David Hockney ante The Arrival of Spring. La floración digital de sus últimos años, pintada con el dedo sobre la pantalla.

Se ha apagado, a los 88 años, la mirada más luminosa de la pintura británica del último siglo. David Hockney —pintor, dibujante, grabador, escenógrafo y, en sus últimas décadas, infatigable explorador del iPad como herramienta de artista— murió el pasado 11 de junio en su casa de Normandía, rodeado de los paisajes que convirtió en color puro. Deja una obra inabarcable y una lección persistente: que mirar es un acto que se aprende y se cultiva.

Nacido en Bradford en 1937, en el seno de una familia obrera, Hockney encontró pronto en el dibujo una forma de estar en el mundo. De la Royal College of Art londinense salió ya convertido en una de las voces más singulares del pop británico, pero su trayectoria desbordó cualquier etiqueta: del esmalte californiano de sus piscinas —A Bigger Splash, 1967— a los grandes polípticos de la campiña de Yorkshire, de los fotomontajes cubistas de los ochenta a las floraciones digitales de The Arrival of Spring, su pintura nunca dejó de preguntarse cómo se representa lo que vemos.

Una vida entre dos orillas de la luz

Hockney repartió su existencia entre la luz seca y mineral de California, donde pintó las albercas y los retratos dobles que lo hicieron mundialmente célebre, y la luz húmeda y cambiante del norte de Inglaterra y, después, de Normandía. Esa tensión entre dos climas fue, en realidad, su gran tema: la pintura como instrumento para atrapar lo que la cámara no alcanza, el modo en que el ojo recorre el espacio y el tiempo a la vez.

El récord y el mercado

En 2018, Portrait of an Artist (Pool with Two Figures) se remató en Christie's por 90,3 millones de dólares, estableciendo entonces el récord para una obra de un artista vivo. Sotheby's, que en los últimos años gestionó algunas de sus piezas más codiciadas, recordó esta semana al pintor como «un creador excepcionalmente prolífico cuyo legado permanece indeleble». Pero Hockney siempre desconfió de las cifras: le importaba más una rama florecida que una sala de subastas.

El maestro digital

Lejos de refugiarse en la nostalgia, Hockney abrazó cada nueva tecnología con entusiasmo adolescente: el fax, la fotocopiadora, el iPhone y el iPad le sirvieron para seguir dibujando cuando el pulso ya no era el de antaño. Sus amaneceres pintados con el dedo sobre la pantalla, enviados por correo a los amigos «antes de que nadie más los viera», son uno de los gestos más conmovedores del arte reciente: la urgencia de compartir la belleza.

Temas de ARTE se suma al duelo internacional por una figura que entendió, como pocas, que el arte no es un lujo sino una manera de prestar atención al mundo. Quedan sus cuadros, sus dibujos, sus bosques imposibles de naranja y verde, y una invitación que sigue en pie: mirar mejor.

David Hockney en su estudio
David Hockney en su estudio, en una imagen de juventud. © Sotheby's

David Hockney · Bradford, 1937 — Normandía, 2026. Fuente parcial: Remembering David Hockney, Sotheby's · Lili Göksenin.

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