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Hassan Hajjaj: Marruecos convertido en un estallido de color

Fotógrafo, diseñador y cineasta, el marroquí Hassan Hajjaj ha hecho del zoco un estudio y del retrato una celebración. Su obra, que este verano aterriza en Sotheby's de Londres, confirma una certeza que ya nadie discute: el arte contemporáneo marroquí no pide permiso, dicta tendencia.

Dos mujeres con chilabas estampadas leen revistas de moda en un patio de Marrakech, en un marco hecho con botes de té
«Time Out», de la serie Vogue — The Arab Issue, 2007/1428. El marco está construido con botes de té verde. © Hassan Hajjaj.

Nacido en Larache en 1961 y criado desde niño en Londres, Hassan Hajjaj llegó al arte por la puerta de la vida, no de la academia. Autodidacta, compró su primera cámara en 1989 y empezó a fotografiar lo que amaba: la calle, los amigos, la moda, el pulso doble de dos ciudades que lo habitan a la vez. De aquella mirada sin manual nació uno de los lenguajes visuales más reconocibles de nuestro tiempo. No es casual que lo llamen «el Andy Warhol de Marrakech»: como el maestro del pop, Hajjaj toma lo cotidiano y lo corona.

Se reconoce un Hajjaj a diez metros. Color saturado hasta el vértigo, estampados que chocan sin pedir disculpas, chilabas y babuchas confeccionadas con telas de logotipos apropiados, y esos marcos inconfundibles construidos con latas de conserva, botellas y neumáticos. Lo que la sociedad de consumo desecha, él lo convierte en pan de oro. En su célebre retrato del hincha del Raja de Casablanca, la alfombra, la camiseta y las latas de fiambre no son decorado: son un manifiesto sobre la identidad, el orgullo popular y la belleza que habita en lo humilde.

Díptico: un boxeador con chilaba de flores y una figura de espaldas con túnica roja que dice Caravane, ambos con marcos de latas de conserva
Dos retratos con marco de latas de conserva: el boxeador y la figura de «La Caravane». Lo que el consumo desecha, Hajjaj lo convierte en orfebrería. © Hassan Hajjaj.

Su generosidad de mirada es también un método. En series como «Kesh Angels», donde retrata a las moteras de Marrakech, o en «My Rock Stars» y «My Maroc Stars», Hajjaj eleva a la categoría de estrellas tanto a músicos consagrados como a personas anónimas. Su cámara reparte dignidad a partes iguales. Él mismo ha definido su trabajo como «arte para la gente», y bautizó su firma de ropa como R.A.P., Real Authentic People: gente real y auténtica. Ahí está la clave de su grandeza, en tratar a cada retratado como un rey.

Tres moteras de Marrakech con chilabas de raso azul y velo, junto a una motocicleta, en un marco de piezas con el alfabeto árabe
De la serie Kesh Angels: las moteras de Marrakech, retratadas como una banda. El marco lleva el alfabeto árabe y el año 1428. © Hassan Hajjaj.
Retrato del músico Keziah Jones sobre fondo de tela rosa, con marco hecho de botes azules
«Keziah Jones», de la serie My Rockstars, 2011/1432. Al músico nigeriano lo retrata igual que a un desconocido de la calle. © Hassan Hajjaj.

El mundo ha respondido. Su obra vive en las colecciones del Brooklyn Museum, el British Museum, el Victoria & Albert de Londres y el LACMA de Los Ángeles; ha retratado a estrellas como Cardi B para la portada de una revista neoyorquina; ganó el Sovereign Middle East and African Art Prize y llenó el Somerset House con «La Caravane». Este mismo verano, Sotheby's de Londres acoge «My London Rockstars, Ends to Estates», donde vuelve a transformar una institución centenaria en uno de sus bazares de color. El niño que llegó sin rumbo a Londres regresa hoy convertido en anfitrión.

Y aquí late lo que de verdad importa para nosotros. Hajjaj no es una excepción solitaria, sino la punta visible de una escena marroquí en plena efervescencia. Desde su Riad Yima de Marrakech, mitad tienda mitad galería, ha abierto camino a toda una generación. La feria 1-54, el museo MACAAL y una nueva ola de artistas han hecho de Marrakech y Casablanca capitales legítimas del arte africano y árabe contemporáneo. Marruecos ya no es el telón de fondo exótico que Occidente fotografiaba: ahora sostiene la cámara, elige el encuadre y exporta su propia mirada al mundo. Que así sea, y que Hassan Hajjaj siga encendiendo la mecha.

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