Catedral de Valladolid: la historia del templo de Juan de Herrera que se quedó sin terminar
La catedral que trazó Juan de Herrera a finales del siglo XVI se quedó en menos de la mitad del proyecto y perdió una torre en 1841. En su capilla mayor está el retablo de Juan de Juni. Las obras en curso, con final previsto en 2027, cambiarán la forma de visitarla.
La Catedral de Valladolid tiene menos de la mitad del edificio que Juan de Herrera trazó a finales del siglo XVI. La obra se levantó en el solar de las colegiatas anteriores bajo la dirección de Diego de Praves, discípulo de Herrera, y se detuvo en el crucero cuando faltó el dinero. Lo que hoy se ve en la plaza de la Universidad es el fragmento de un proyecto mucho mayor, con tres naves y una cabecera que nunca llegó a construirse.
La diócesis de Valladolid no existía cuando empezaron los trabajos. El papa Clemente VIII la creó en 1595 y la colegiata pasó entonces a ser catedral. La parte construida se inauguró el 26 de agosto de 1668, y el templo ha seguido abierto al culto desde entonces con la cabecera sin levantar.
La torre de la Catedral de Valladolid que se alzó en el lado del Evangelio quedó dañada por el terremoto de Lisboa de 1755 y se vino abajo en 1841. La torre actual se empezó en 1880 en el lado contrario, el de la Epístola, y desde 1923 la corona una imagen del Sagrado Corazón de Jesús. La Fundación Las Edades del Hombre celebró el centenario de esa imagen en noviembre de 2023 con la exposición «Venga tu Reino», montada en el propio templo.
La fachada principal de la Catedral de Valladolid es la parte del edificio que más me cuesta defender. Alberto de Churriguera terminó su cuerpo alto en el siglo XVIII con un remate barroco que se aparta de la traza herreriana, y a mi juicio esa adición estorba la lectura de un frente que en su parte baja conserva la severidad del proyecto original.
El retablo mayor de Juan de Juni justifica la visita por sí solo. Juni lo hizo para la iglesia de Santa María la Antigua, a pocos metros de la catedral, y hoy ocupa la capilla mayor. El interior permite además entender la arquitectura de Herrera sin la distracción de la decoración: pilares, arcos, cornisas y bóvedas forman un espacio que, aun incompleto, enseña más sobre el clasicismo español del siglo XVI que muchas catedrales terminadas.
El Museo Diocesano y Catedralicio, abierto en 1965 en las capillas de la antigua colegiata, guarda la custodia de Juan de Arfe y el Ecce Homo de Gregorio Fernández. Está cerrado desde mayo de 2025 por las obras de restauración y revitalización del conjunto, con un presupuesto de 6,4 millones de euros y final previsto en 2027, que le darán una entrada propia por el patio de los Cipreses.
Valladolid ha tratado su catedral como un monumento menor frente a la escultura policromada que ha hecho famosa a la ciudad. Lo escribo sin relación con el Arzobispado ni con la Fundación que dirige las obras, y sostengo que el edificio inacabado merece la misma atención que la ciudad dedica a las tallas que guarda el Museo Nacional de Escultura. Un templo que enseña con tanta claridad cómo se pensaba una catedral en tiempos de Felipe II, y que además deja ver lo que no se pudo hacer, tiene un valor didáctico que pocas catedrales completas ofrecen.
