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Leonora y Remedios: las magas que ahora mandan en el mercado

Se conocieron huyendo de una Europa en llamas y se hicieron inseparables en la Ciudad de México: una inglesa indomable y una anarquista de Anglès que pintaban lo que nadie más veía. Medio siglo después de que la crítica las tratara como nota al pie del surrealismo, una vale 28,5 millones de dólares en el martillo y la otra cuadruplica estimaciones en las veladas de Sotheby's. La historia del arte pide perdón por la vía del precio.

Leonora Carrington, Tuesday, 1946
Leonora Carrington, Tuesday, 1946, fechado el 23 de junio de 1946, su plena madurez mexicana. Sesión vespertina de Sotheby's, 2020: estimación 700.000 – 900.000 USD. Su récord: Les Distractions de Dagobert, 28.485.000 USD, mayo de 2024. Imagen: ficha de lote, Sotheby's

Toda gran amistad artística tiene algo de conspiración. La de Leonora Carrington (Clayton Green, 1917 – Ciudad de México, 2011) y Remedios Varo (Anglès, Gerona, 1908 – Ciudad de México, 1963) fue la conspiración más fértil del exilio surrealista: dos mujeres que llegaron a México huyendo de la guerra —una tras el arresto de Max Ernst y su propio paso devastador por un sanatorio de Santander; la otra tras los campos franceses, con la República española ya perdida— y que convirtieron las cocinas, los mercados y los sueños de su ciudad adoptiva en un laboratorio de alquimia doméstica. Se visitaban a diario, se escribían recetas imposibles —«sueños eróticos: tres kilos de raíz de mandrágora»—, se prestaban gatos y demonios, aparecían la una en los cuentos de la otra. De aquella complicidad, que Octavio Paz celebró y que la academia tardó medio siglo en tomarse en serio, salieron dos de las obras más inconfundibles del siglo XX.

El canon tardó en enterarse, como de costumbre. Durante décadas, los manuales las despacharon como «compañeras de» —de Ernst, de Péret—, mientras sus telas dormían en colecciones mexicanas compradas por conocedores y por amigos. La reparación llegó primero por los museos —las retrospectivas, las tesis, la sala propia en el relato del surrealismo que hoy nadie discute— y después, con la contundencia de lo irreversible, por el mercado. Las cifras son de vértigo y conviene escribirlas con todas sus letras: Les Distractions de Dagobert (1945), la tabla mayor de Carrington, se vendió en Sotheby's en mayo de 2024 por 28.485.000 dólares — el precio más alto jamás pagado por una obra del surrealismo hecho en México, comprada por Eduardo Costantini para el Malba de Buenos Aires después de que se le escapara en 1995. Y Esquiador (Viajero) (1960) de Varo, estimado en 1–1,5 millones, se remató la misma semana en 4.174.000 dólares, récord de la artista, con la casa garantizando el lote: la manera que tiene una casa de subastas de decir que ya no juega; invierte.

Durante décadas fueron «compañeras de». Hoy una vale 28,5 millones en el martillo y la otra cuadruplica estimaciones: las casas ya no juegan; invierten.

Leonora: la debutante que se escapó del baile

Nacida en 1917 en una familia industrial de Lancashire que la quería presentada en la corte y casada con alguien conveniente, Carrington eligió el camino exactamente contrario: la academia de Amédée Ozenfant en Londres, el escándalo de fugarse a los veinte años con Max Ernst, el círculo surrealista de París donde su ingenio la distinguió entre las pocas mujeres del grupo. La guerra lo arrasó todo —el arresto de Ernst, la huida a España, el colapso nervioso, el sanatorio de Santander que dejó cicatrices y un libro terrible, Memorias de abajo— y México lo reconstruyó: llegó en 1942 y encontró una espiritualidad sincrética, mezcla de lo precolombino, lo católico y lo esotérico, que encajaba con su imaginario celta como una llave en su cerradura. Pintó reinas guerreras que vuelven de entre los icenos —la Boadicea de estas páginas—, banquetes de bestias, genealogías de abuelas magas; escribió cuentos que Buñuel admiraba; hizo máscaras, tapices, esculturas. Murió en 2011, a los 94 años, sin haber hecho una sola concesión, y el mercado ha tardado exactamente una década en ponerse a la altura de su leyenda.

Leonora Carrington, The Return of Boadicea, 1969
Leonora Carrington, The Return of Boadicea, 1969. Óleo, 80,6 × 80,6 cm; expuesta en LACMA y portada del catálogo de Dallas. Noviembre de 2025: estimación 1.200.000 – 1.800.000 USD, sin vender; se reoferta en Londres (junio 2026) en 600.000 – 800.000 GBP. Imagen: ficha de lote, Sotheby's

Remedios: la relojera de lo imposible

Varo era hija de un ingeniero hidráulico que le enseñó el dibujo técnico que luego usaría para construir máquinas de volar imposibles, y de una madre devota que la internó en un convento del que salió anarquista. Fue de las primeras mujeres admitidas en la Academia de San Fernando de Madrid —donde coincidió con el ambiente de Lorca y Dalí—, pasó por la Barcelona logicofobista y por el París de Benjamin Péret y André Breton antes de recalar en México en 1941, con el continente ardiendo a su espalda. Allí, en un piso compartido con gatos y alambiques, destiló un estilo de precisión flamenca y humor secreto: torres que hilan la luz de la luna, viajeros que patinan sobre bosques nevados —el Esquiador que perteneció a María Félix y que acaba de costar 4,17 millones—, mujeres lechuza que escriben con pluma de su propio plumaje. Su segunda individual, en 1962, colgó el cartel de «todo vendido», proeza inaudita entonces para una pintora. Murió en 1963, de un infarto, en plena madurez; dejó apenas tres centenares de obras, y esa brevedad es hoy la angustia de los coleccionistas: Vampiros vegetarianos hizo 3,3 millones en 2015, Simpatía 3,14 en 2019, Creación con rayos astrales 3,42 en 2022. La curva no conoce el descanso.

Remedios Varo, Esquiador (Viajero), 1960
Remedios Varo, Esquiador (Viajero), 1960. Óleo sobre masonite, 44,4 × 32,7 cm; procedencia María Félix. Modern Evening Auction, mayo de 2024: estimación 1.000.000 – 1.500.000 USD · vendida en 4.174.000 USD, récord de la artista. Imagen: ficha de lote, Sotheby's
Remedios Varo, Mujer lechuza volando, 1957
Remedios Varo, Mujer lechuza volando, 1957. Técnica mixta y vidrio con pan de oro, 15,2 × 20 cm. Venta privada de Sotheby's, precio a petición: la liturgia de los objetos de deseo. Imagen: ficha de venta, Sotheby's

Lo que significa este momento

Conviene no equivocarse de lectura. Que Carrington y Varo encabecen hoy el mercado del arte de Iberoamérica no es un capricho especulativo ni una campaña de temporada: es la convergencia, largamente aplazada, entre valor histórico y valor de mercado. Ambas construyeron mundos completos —con su física, su fauna y su teología— en un siglo que solo concedía esa licencia a los varones; ambas lo hicieron desde México, sumando el exilio europeo a la imaginación americana; y ambas dejaron obra escasa, deseada y perfectamente reconocible a diez metros. Todo lo que el mercado premia cuando madura. Incluso sus tropiezos enseñan: la Boadicea que no encontró comprador en Nueva York vuelve a Londres con la estimación recortada, y este cronista apuesta la merienda a que esta vez no se escapa. Para el coleccionista iberoamericano, tenerlas ya no es una opción romántica: es el cimiento sobre el que se ordena todo lo demás. Y para las nietas —de Simão a Glenda León— son la prueba de que el tiempo, en el arte, acaba pagando sus deudas. Con intereses.  ■

Víctor Del Campo Yllera · Leonora y Remedios: las magas que ahora mandan en el mercado — Protagonista · Temas de ARTE.

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