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Quito: la Fundación Museos de la Ciudad y por qué el CAC importa

Por encargo del Municipio de Quito, una fundación privada y sin fines de lucro administra cinco de los espacios culturales mayores de la capital ecuatoriana. Uno de ellos, el Centro de Arte Contemporáneo, es el único recinto del país dedicado por entero a la creación de nuestro tiempo. Radiografía de un organismo singular y de lo que hoy ocurre entre sus muros.

Gran cianotipo sobre papel en el que un grupo de mujeres indígenas camina entre humo y ramas quemadas
Vista de sala en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito. El CAC es el único espacio del Ecuador especializado por completo en las prácticas artísticas contemporáneas.

Hay ciudades que guardan su memoria en un solo edificio y ciudades que la reparten. Quito pertenece a la segunda especie, y desde hace más de dos décadas ha confiado buena parte de ese reparto a un organismo de nombre sobrio y funciones amplias: la Fundación Museos de la Ciudad. Conviene detenerse en su figura jurídica, porque en ella está cifrada su manera de trabajar. La FMC es una institución privada, sin fines de lucro, que por encargo del Ilustre Municipio de Quito tiene como función participar en la educación ciudadana, contribuyendo a la promoción, el desarrollo y el fomento de actividades artísticas, científicas y culturales que vinculan los patrimonios mixtos y la memoria social.

La fórmula es menos burocrática de lo que parece. Significa que un ente privado gestiona un patrimonio público con la agilidad de lo primero y la vocación de servicio de lo segundo. No es un ministerio ni una empresa: es una bisagra. Y como toda bisagra, su valor se mide por lo que permite abrir. Lo que la FMC abre, día tras día, son las puertas de cinco casas que pertenecen a la ciudad entera.

Un método: la mediación como forma de museo

El modo de la fundación no se entiende sin una palabra que repite como quien reza un principio: mediación. Por medio de procesos de mediación comunitaria, la FMC propicia la participación y el diálogo entre los diversos grupos sociales, culturales y generacionales, siempre con perspectiva territorial. Dicho de otro modo: el museo no espera al público, sale a buscarlo, y cuando lo encuentra no lo trata como espectador sino como interlocutor. El barrio entra en la sala y la sala baja al barrio.

Sus líneas de trabajo lo declaran sin rodeos. Buscan celebrar la diversidad y pensar las prácticas culturales como dispositivos de justicia y de despatriarcalización; promueven el uso del espacio público y los procesos interculturales, educativos, comunitarios y de pensamiento crítico para el cuidado, el ejercicio y la defensa de derechos. Es un programa que algunos leerán como ideológico y otros como sencillamente contemporáneo. En cualquier caso, tiene la virtud de la claridad: la FMC sabe para qué existe y para quién.

Sala amplia del CAC con esculturas de peces sobre pedestales, una estructura de rejas metálicas al fondo y un cuenco de cerámica sobre un pedestal de madera
El CAC ocupa el antiguo Hospital Militar del barrio de San Juan, un edificio patrimonial de comienzos del siglo XX reconvertido en centro cultural. Sus pabellones y patios acogen instalaciones de gran formato.

Cinco casas, cinco memorias

La fundación administra actualmente cinco de los museos más importantes de Quito, y cada uno responde a una pregunta distinta sobre la ciudad. El Museo de la Ciudad narra la vida cotidiana quiteña desde sus cimientos coloniales. El Museo Interactivo de Ciencia (MIC), instalado en una antigua fábrica textil del sur, hace de la curiosidad un juego. El Yaku Parque Museo del Agua, encaramado en la ladera del Pichincha, enseña a mirar el recurso que da y quita vida a la urbe. El Museo del Carmen Alto guarda, tras el torno de un convento en clausura, siglos de religiosidad femenina. Y el Centro de Arte Contemporáneo (CAC) mira, en cambio, hacia delante.

Que estas cinco casas compartan gestión no es un detalle administrativo: es una tesis sobre el patrimonio. Ciencia, agua, vida conventual, historia urbana y arte contemporáneo dejan de ser departamentos estancos y pasan a ser capítulos de un mismo relato, el de una ciudad que se piensa a sí misma en voz alta. La FMC es el hilo que cose esos capítulos.

El CAC, o el único lugar donde el presente es patrimonio

De las cinco casas, una ocupa un sitio aparte en el mapa cultural del país. El Centro de Arte Contemporáneo es el único espacio cultural especializado en arte contemporáneo en la ciudad y en el Ecuador, y acoge las prácticas artísticas de nuestro tiempo desde una perspectiva crítica, diversa y educativa. Ocupa un edificio con biografía propia: el antiguo Hospital Militar del barrio de San Juan, una construcción patrimonial de principios del siglo XX que fue lazareto, cuartel sanitario y, tras años de abandono, se reconvirtió en centro cultural. El pasado del inmueble no se disimula; se aprovecha. Sus largos pabellones, sus patios y su luz de altura andina son ya parte de la obra.

El CAC no espera al público: lo convierte en interlocutor. El barrio entra en la sala y la sala baja al barrio.

El centro se define, con acierto, como una plataforma de encuentro, reflexión y disputa simbólica, donde confluyen procesos de investigación, creación, pedagogía y memoria. La palabra disputa es la más honesta del enunciado: reconoce que el arte contemporáneo no busca el acuerdo, sino la conversación difícil. A ello suma una condición que en un país de museos de pago no es menor: el acceso es gratuito, de miércoles a domingo, en la esquina de Montevideo y Luis Dávila. Un museo abierto, en el doble sentido de la palabra.

Lo que hoy ocurre entre sus muros

Basta cruzar el umbral del CAC en esta temporada para comprobar que la declaración de principios se traduce en obra. Los pabellones del antiguo hospital acogen un conjunto de propuestas que pulsan, cada una a su manera, el cuerpo, el territorio y la memoria. En una de las salas, un archivo de gestos —textiles, objetos rituales, un poncho negro, una corona de abalorios, un muro intervenido con grafiti— convive con la iconografía de la resistencia social reciente, impresa en cianotipo sobre papel de algodón. La sala funciona como un altar laico: pone en el suelo lo que la historia oficial suele colgar demasiado alto.

Tres esculturas verticales con cajas de luz que muestran resonancias magnéticas y documentos médicos, coronadas por formas orgánicas de piedra, sobre una sala de paredes malva
Cuerpo, enfermedad y burocracia: cajas de luz con resonancias magnéticas y certificados médicos se erigen como tótems en una de las salas del centro. El arte contemporáneo hace visible lo que la clínica archiva.

Más adentro, la oscuridad se adueña de un pabellón entero. Varias pantallas envuelven al visitante con imágenes de un futuro entre orgánico y digital: cuerpos fundidos con circuitos, ciudades hechas de placas base, subtítulos que narran una ficción de ciencia ficción escrita desde el sur. Es el territorio de las prácticas audiovisuales y los nuevos medios, donde el CAC ensancha su definición de lo que una sala de museo puede contener. Frente a ese vértigo tecnológico, otras obras eligen el silencio de la materia: constelaciones de piezas de cerámica y papel ensartadas en cordeles, que dibujan mallas suspendidas y translúcidas contra la pared, y esculturas lumínicas en forma de gota que cuelgan del techo junto a un poema proyectado.

Instalación de numerosas piezas de cerámica y papel ensartadas en cordeles verticales que forman una malla suspendida iluminada
Del bit al barro: frente a las salas audiovisuales, la materia recupera su lentitud en instalaciones tejidas con cerámica, fibra y papel.
Tres esculturas lumínicas en forma de gota, en tonos verde y rojo, suspendidas y posadas en el suelo de una sala junto a un poema proyectado en la pared
Esculturas lumínicas suspendidas dialogan con un texto proyectado. La programación del CAC alterna la instalación de gran formato con la intimidad de la palabra.

Premio Brasil: la cantera emergente, en su sexta edición

Entre las actividades vivas del centro hay una que merece capítulo propio, porque resume su vocación de plataforma. El Premio Brasil – Arte Emergente, iniciativa conjunta del CAC y la Embajada del Brasil en el Ecuador nacida en 2013, llega a su sexta edición. El certamen se dirige a artistas ecuatorianos menores de treinta y cinco años y a colectivos, sin temática predefinida y en cualquier formato —pintura, escultura, dibujo, grabado, instalación, video, performance, objeto, fotografía o nuevos medios—. Su mecánica premia dos gestos distintos: una adquisición, por la que la obra ganadora pasa a la colección de la Embajada de Brasil, y una residencia artística en São Paulo, ciudad donde ediciones anteriores llevaron a sus becarios a espacios como Pivô.

La convocatoria de esta sexta edición permaneció abierta hasta junio de 2026, de modo que el certamen entra ahora en su fase decisiva: la selección del comité y el montaje de la exposición colectiva que, como cada edición, reunirá en los pabellones del CAC a la nueva hornada de la escena local. Conviene recordar el peso de esa cantera. Por el Premio Brasil han pasado nombres que hoy son referencia del arte ecuatoriano contemporáneo —de Adrián Balseca a María Gabriela Chérrez o Gary Vera—, prueba de que la fórmula no es un trámite diplomático, sino un semillero real. Para una escena sin apenas mercado interno, un premio que ofrece adquisición, residencia y sala equivale a oxígeno.

Vista de sala con telas colgantes, objetos rituales dispuestos en el suelo y un muro intervenido, en una exposición colectiva del CAC
Vista de una colectiva en el CAC. El Premio Brasil – Arte Emergente ha sido, desde 2013, una de las principales puertas de entrada de la escena joven ecuatoriana a la sala de museo.

Sumado a sus otras convocatorias de referencia —empezando por el Premio Nacional de Artes Mariano Aguilera, cuyos fondos la actual administración municipal reforzó de manera notable—, el Premio Brasil confirma la función que la Fundación Museos de la Ciudad reserva a su casa más joven. El CAC no es un depósito de obras consagradas: es un lugar donde el presente todavía se está decidiendo. Y en una ciudad que reparte su memoria entre cinco museos, ese es, quizá, el encargo más difícil y el más necesario.

Institución
Fundación Museos de la Ciudad (FMC)
Espacios
Museo de la Ciudad · MIC · Yaku · Carmen Alto · CAC
Dónde (CAC)
Antiguo Hospital Militar · Montevideo y Luis Dávila, Quito
Acceso
Gratuito · miércoles a domingo

Datos: Fundación Museos de la Ciudad / CAC Quito · Imágenes: vistas de sala del Centro de Arte Contemporáneo de Quito.

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