La Cartuja, un nuevo espejo iberoamericano del arte del siglo XXI
Desde el monasterio a orillas del Guadalquivir por el que un día pasaron las rutas de América, el CAAC firma una temporada que vuelve a poner a Sevilla donde siempre estuvo: en el cruce entre las dos orillas del Atlántico y el sur del Mediterráneo.
Hay museos que se visitan y museos que se frecuentan. El Centro Andaluz de Arte Contemporáneo pertenece a la segunda especie. Instalado en la Cartuja de Santa María de las Cuevas —el mismo cenobio que albergó los sueños de Colón antes de zarpar, y más tarde una fábrica de loza— el CAAC ha hecho de la convivencia entre historia y presente su rasgo de carácter. No es un contenedor neutro: es un lugar con memoria, y su memoria mira, desde hace cinco siglos, hacia el otro lado del mar.
Conviene recordarlo, porque explica la temporada 2026 mejor que cualquier declaración de intenciones. Sevilla fue durante doscientos años la puerta de América: aquí estuvieron la Casa de la Contratación y el Archivo de Indias, aquí se cargaban y descargaban las flotas, aquí se decidía qué se sabía del Nuevo Mundo y qué no. Y antes de todo eso, la ciudad ya había sido frontera con el sur —el artesonado mudéjar de la propia Cartuja lo grita cada vez que se levanta la vista—. Un museo que hereda ese doble legado lleva el Atlántico y el Mediterráneo escritos en los muros.
La temporada lo asume con una nitidez poco común. Frente a la tentación de las grandes retrospectivas de nombres seguros, el centro despliega un programa que arriesga en las dos direcciones que de verdad importan: hacia dentro, revisando la creación andaluza con honestidad crítica; y hacia fuera, tejiendo un diálogo entre las dos orillas americanas, África y el sur europeo. Un mapa donde caben Priego de Córdoba y Miami, Harare y Ciudad de México, la Isla de la Cartuja y el Caribe, sin que ninguna coordenada se sienta invitada de segunda.
Un archipiélago llamado pintura andaluza
La casa se abre con La última pintura (19 jun 2026 – 28 feb 2027), comisariada por Curro González y Alberto Figueroa: una cartografía viva de la pintura que hoy se hace en Andalucía. Su tesis es tan elegante como contemporánea —los géneros son ya divisiones decimonónicas y la creación actual funciona como «un archipiélago en el que conviven procedimientos, técnicas y modos de hacer»—. El grueso lo forman artistas surgidos tras el cambio de siglo; el acierto mayor, romper el adanismo habitual incorporando a cinco veteranos en plena forma —Peinado, Juan Suárez, Juan José Fuentes, Victoria Gil y José María Bermejo— como faros vivos.
Améfrica: el Atlántico como sala de exposiciones
Si alguna muestra basta para situar la temporada en el mapa global, es esta. Améfrica. Conexiones diaspóricas en la Colección Jorge M. Pérez (27 feb 2026 – 10 ene 2027), coproducida con El Espacio 23 de Miami y comisariada por Hélio Menezes, aproxima a artistas de América y de África a partir de sus resonancias compartidas. Toma su título del concepto de «amefricanidad» de la intelectual afrobrasileña Lélia Gonzalez, y organiza el recorrido en cuatro procesos —adaptación, resistencia, reinterpretación y creación de nuevas formas— más una sala de retratos de autoría amefricana. Que una colección privada de esta envergadura aterrice en Sevilla, leída con semejante ambición conceptual, dice mucho de la capacidad del centro para resignificar patrimonio internacional.
Améfrica no nos lleva de vuelta a África: nos transforma a partir de ella.
Dos monográficas que miran al mundo
La zimbabuense Virginia Chihota trae Kupinduka —«transformación», en shona— (19 mar – 6 sep 2026): serigrafía y dibujo de gran formato convertidos en un lenguaje íntimo de figuras que mutan. Y la artista mexicana Manuela Solano presenta Alien Queen / Paraíso extraño (28 may – 8 nov 2026): color desatado, cultura pop, telenovela, Disney, identidad y deseo, pintados de memoria. Colgada bajo el artesonado mudéjar y sobre el zócalo de azulejos, esa obra mexicana encuentra un eco perfecto: dos culturas populares, la novohispana y la andaluza, reconociéndose en la misma pared.
Completan el programa el Programa INICIARTE —con las individuales de Eladio Aguilera y Johanna Failer (28 may – 6 sep 2026), apuesta institucional por la cantera andaluza— y, ya asomándose a la siguiente temporada, Jerónimo Elespe y su elogio de la lentitud a partir del 26 de noviembre de 2026.
Sevilla vuelve a mirar al mar
Reunir en un mismo calendario a la joven pintura andaluza, a la diáspora afroatlántica leída desde una colección de Miami, a una artista zimbabuense y a otra mexicana no es casualidad ni oportunismo: es una línea editorial. El CAAC ha entendido antes que muchos que lo local y lo iberoamericano no se oponen, se potencian. Priego de Córdoba dialoga con Ciudad de México; la Cartuja, con El Espacio 23; el azulejo mudéjar, con la telenovela pintada de memoria.
Y hay algo más, difícil de programar pero imposible de ignorar: la geografía. Sevilla no acoge el arte del continente americano como quien exhibe un préstamo exótico, sino como quien recibe de vuelta una conversación que empezó hace cinco siglos, en este mismo recodo del Guadalquivir. El Mediterráneo entra por el techo —esa techumbre de lazo que es memoria de al-Ándalus— y el Atlántico entra por la colección. El museo no tiene que fingir cosmopolitismo: le basta con ser fiel a su historia. Un espejo donde Iberoamérica y el Mediterráneo vuelven a reconocerse. Sólo falta cruzar el Guadalquivir.