Alejandría, llamada a ser el faro del arte del Mediterráneo y de Oriente Medio
La tercera bienal más antigua del mundo —fundada en 1955, después de Venecia y São Paulo— regresa el 18 de septiembre de 2026 tras doce años de silencio. Comisariada por Moataz Nasr, reúne a 55 artistas de toda la cuenca mediterránea. Desde Temas de ARTE defendemos que esta resurrección debe ser mucho más que una efeméride: Alejandría está destinada a convertirse en el faro que ordene el mapa del arte entre las dos orillas y el Levante.
Hubo un tiempo en que Alejandría era el centro del mundo. Su Biblioteca guardaba la memoria de la humanidad y su Faro —una de las siete maravillas— guiaba a los navegantes de todo el Mediterráneo hacia sus muelles. Veinte siglos después, la ciudad vuelve a aspirar a algo parecido, aunque la luz que ahora ofrece no sea de fuego sobre piedra, sino de arte: el regreso de su Bienal, tras doce años de silencio, la postula de nuevo como faro cultural de un mar que siempre fue una encrucijada.
No es una metáfora gratuita. Pocas ciudades reúnen, como Alejandría, las condiciones para ese papel. Está físicamente en el punto donde Europa, África y Oriente se rozan; arrastra una herencia grecorromana, árabe y mediterránea que la hace ilegible desde una sola tradición; y posee esa rara cualidad de las urbes con alma antigua, capaces de hacer convivir lo milenario con lo inminente sin que ninguno de los dos pierda fuerza.
Un mar que vuelve a ser conversación
El gran déficit del arte contemporáneo mediterráneo no es de talento, sino de encuentro. Las orillas se ignoran más de lo que se hablan; el sur y el este quedan demasiado a menudo al margen de los circuitos del norte. Una bienal con vocación de plataforma —no de escaparate— puede corregir esa miopía: ofrecer un lugar donde curadores, instituciones y artistas de las tres riberas se reconozcan como parte de una misma cuenca cultural. Esa, y no el número de visitantes, es la verdadera medida de su éxito.
Bajo el lema «This Too Shall Pass» —esto también pasará—, la cita asume con elegancia su propia condición efímera para reivindicar lo que permanece: el diálogo, la memoria, la belleza compartida. Que esas palabras se pronuncien precisamente aquí, en la ciudad que ha visto pasar imperios sin perder la voz, las carga de una autoridad que ninguna otra sede podría darles.
Quedan, claro, los desafíos de toda resurrección: sostener el proyecto en el tiempo, tejer alianzas estables, no confundir el brillo de una edición con la solidez de una institución. Pero la apuesta merece celebrarse. Si Alejandría logra mantener encendida esta luz, no solo habrá recuperado una bienal: habrá devuelto al Mediterráneo un faro que llevaba siglos esperando volver a alumbrar.
Análisis · La 27ª Bienal de Alejandría abre el 18 de septiembre de 2026. Véase la ficha completa en Agenda.